Dijo Marina:
Y para qué quieres que pase el día, niña linda, qué no sabes que la arena de la playa es divina, es hija de dioses y arrastra jubilosa conchas y caracoles, y con ellos, el agua a tus pies hace juguetones arreboles con luces vespertinas, míralos. Juega, que allá viene la noche con áureas nubes y sus bordes aborregados en serpentinas.
La niña guarda silencio en el romper de las olas.
Shhh… No la interrumpan. En una orla de espuma ya vio la celeste bóveda.
Ya entiendo; dijo Marina, dibujando una espiral en la arena atrapando de su silencio tan sólo lo celeste del mar al romper de las olas...
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