El humo, polvo, ruido de los edificios desplomándose por los efectos de las
bombas, así como los quejidos de muchas víctimas sepultadas aun bajo los
escombros, pavoroso y doloroso panorama, añádase la destrucción total del
Campamento para Prisioneros de Guerra donde estaba cerca, de la Ciudad,
Éramos de los pocos supervivientes tanto de la Ciudad como del Campamento
de Prisioneros y el panorama que teníamos ante nuestros ojos, hasta ese
momento no me había dado cuenta yo, Kart Vonnecut, de lo cruel que es la
guerra sobre todo para los civiles mujeres y niños que no empuñaban ninguna
arma, si a caso tendrían algún Pariente en las Fuerzas Armadas pero
nunca consideré que fuera justificación para su asesinato, bélico, si, pero de
todo modos asesinato, era yo en ese momento uno de los siete sobrevivientes
del Campo de Concentración y podía juzgar lo que pasaba a mi alrededor,
sino fríamente si como espectador y partícipe involuntario. Lo único que
deseaba en ese momento era regresar a casa lejos de todo lo que
estaba sucediendo a mi alrededor.
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