La atmósfera cerrada y contaminada del Café, y el
ruido que hacían la cucharillas al contacto con el vaso,
el espeso humo de cigarro que prevalecía en el lugar, me hicieron
sentir a gusto y dispuesto a discutir cualquier tema que
los compañeros del café tuvieran, suponía que sería de política,
el sentir el humo entrar a mis pulmones era como una vitamina.
Saludé con voz fuerte al grupo de la mesa donde
me acostumbraba sentar y estaba listo para diferir de la primera opinión
que surgiera, pero antes necesitaba mi trago de café y echar unas
bocanadas de cigarro, que daría a mi voz otro tono.
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